23 de mayo de 2017

Aniversario de Yupanqui. Yupanqui forma parte de mi vida. Cuando yo era muy chica, cinco años, seis tal vez, vino a la quinta (la otra, la grande) y tocó la guitarra para nosotros bajo el álamo grande, sobre el asiento de troncos. Por alguna razón me quedó la imagen. Pero después, durante muchos antes, hasta el 89, claro, lo escuché en la voz de mi papá cuando nos íbamos de viaje en el auto. En los ratos en que mamá no leía en voz alta, papá cantaba Yupanqui. Era lo único que cantaba. Lo único que se sabía, supongo. Y yo conocí esas canciones desde muy chica. Recuerdo incluso cómo entendí lo que era "interpretar" una letra, un poema (porque eso es poesía): "lo que ayer fue esperanza, hoy es recuerdo" era la frase. Y yo la cantaba sin entenderla hasta que un día comprendí, y comprendí lo siguiente: antes de mi cumpleaños (a mí me encantaba esa fiesta en primaria, los regalos, los chicos que venían, la película que papá nos pasaba siempre), la fiesta era esperanza y cuando pasaba, era recuerdo... Recuerdo la satisfacción que me dio entenderlo.
Ayer, empecé con Dear White People (Queridos blancos), una serie de Netflix. Me gustó mucho aunque no me suelen interesar los escenarios universitarios en los EEUU y se trata de eso, Ivy League para peor. Me gusta la narración en off, el constante guiño a los espectadores, y la rapidez del diálogo que siempre hace difíciles las películas con negros. Tal vez es muy para los EEUU y para quienes estamos al tanto de los problemas y recovecos del racismo, las palabras que ofenden, las actitudes que ofenden y las reacciones contra ellas..., pensaba mientras me reía ayer... Gracias, Tamara. 

22 de mayo de 2017

Ayer, además de terminar lo q hay de la serie Anne sin Netflix, miré una peli fcesa q daban en el cable. No es lo mío el cine fces... Pero me interesaba la historia de Violette Leduc. Me acuerdo del libro, La bastarda, en casa de mis viejos, escrito en el círculo de Simone de Beauvoir, Sartre, Camus, Genet... O sea, me interesó la historia. Dentro de ese quedarse en el realismo absoluto tan fces, el casting era excelente, las actuaciones tbien y los problemas de clase social fascinantes... Para mi sorpresa también era una historia de camino, de llegada, de triunfo en algún sentido.

21 de mayo de 2017

Esto va para los que atienden en salud. Hija de médico, hermana de médico, los dos totalmente conscientes del poder que tiene el médico, el segundo decidido a cambiar la manera de enseñar Medicina para que el paciente (fea palabra) sea el centro y no la ciencia ni el médico..., digo: cuando yo me operé (una vez solamente) y en los partos, no confiaba en que los que me atendieran me dieran bolilla en cuanto al dolor. Tengo un umbral bajo de dolor. Y no quiero tolerarlo a menos que sea estrictamente necesario. Así que averigüé con médicos en los que confiaba y me preparé y tomé yo solita lo que necesitaba. Ah, y me ayudó y no me pasó nada malo. No me volví adicta ni mucho menos. Sabía no iban a darme ni la hora cuando yo me quejara así que me las arreglé sola (o mejor dicho con un médico que me había visto antes). En las instituciones totales que son los hospitales (perdón: instituciones totales, esas que tratan de convertirnos en algo que quieren sin preguntarnos, digamos, poco académicamente), tienen protocolos que no quiebran por nada. Está mal. Me pasó cuando operaron a mi vieja, tuve que tener un ataque de histeria para que hicieran algo. Volvió a pasar ahora, hace unos días. Y eso, cuando no hace falta, cuando hay maneras (esto dicho por médicos que sí se preocupan), formas de no pasar por eso. En lugar de eso, deciden engañar (o creer que engañan) al paciente dándole aspirina cuando pide por favor que le calmen el dolor... En fin, después de la semana del parto..., creo que es el momento de decirlo. Qué hay que decirlo...

12 de mayo de 2017

En estos días, sola en la planta alta (Odi no va a poder subir como por un mes), miro la tele. Terminé la fabulosa Sherlock, que me gustó enormemente, casi la misma emoción simple (infantil, si se quiere, pero lo necesito) que me dieron los libros de Conan Doyle cuando tenía 12 y los leí por primera vez. Y estoy viendo alguna otra como The White Princess y The Halcyon. Pero además vi dos películas. Las recomiendo. Una, Monsieur Chocolat era francesa (no es lo mío pero acá me interesé porque era tema de raza y me gustó mucho), sobre el primer payaso negro en Francia... Impresionante la historia (más allá de la película). Los payasos me aterrorizan y nunca los disfruto (nada de ese humor físico cruento) pero la historia dice mucho porque cuando el hombre quiere hacer de Otelo, Francia reacciona (tan abierta siempre) y lo repudia y termina golpeado y pobre. Muy interesante. Y la otra The Private Lives of Pippa Lee, de una mujer, Rebecca Miller, interesante, sobre una mujer de clase baja que asciende en la sociedad a a través de un matrimonio con un hombre mucho mayor. La verdad es que la pasé bien viéndola y los diálogos me parecieron interesantes y creíbles. No es la gran película pero ALan Arkin y Robin Wright están muy bien. Keanu..., bueno..., hace de cara de piedra pero pasa...

9 de mayo de 2017

 Para consuelo, quizá, te cuento Márgara Averbach hay mas de 90 adolescentes leyendo Umbrales y, creo, por lo que dicen sus ojos cuando nos encontramos, que están defendiendo el sur. Te abrazo y te abrazan desde Toay, La Pampa.

Gracias, Lourdes. 

8 de mayo de 2017

Presentación de Mirar de cerca en el stand de Corregidor, en la Feria del Libro.









3 de mayo de 2017

La fidelidad de los ciclos
El otoño
que odio
me consuela.
Porque sé que en las ramas
la savia inventa de a poco
la primavera.

1 de mayo de 2017

Ayer fue un día hermoso... Fuimos con el Colectivo LIJ a la Escuela Itinerante para hacer lo que sabemos hacer: leer lo que escribimos. Escribir de nuevo en el recuerdo nuestro apoyo, nuestras ganas de estar donde había que estar. Y hubo reencuentro y fotos y risas y aplausos y lo que más importó fue el nuestro, nuestro aplauso a las maestras y maestros de la Escuela..., que están haciendo lo que hay que hacer: defender la Escuela pública en la que yo no caí (como dije en ese momento) sino que la elegí y la volví a elegir para mis hijos. Gracias a los que vinieron a vernos y a los amigos que leyeron... Gracias.












29 de abril de 2017

El jueves, (después no tuve tiempo) porque mi hija Tam me compró la entrada (a mí, el BAFICI me resulta complicado, no me gusta eso de estar planificando tanto adónde vas desde días antes, es una de las cosas que me gustan del cine: ir por impulso en cualquier momento), fui a ver "I am not your Negro", sobre el último libro inconcluso de James Baldwin. Me pareció una película increíble. Plantea todos los temas que me interesan sobre EEUU, no solo el de las secuelas de la esclavitud, que siguen ahí y van a seguir durante mucho tiempo, sino también las del genocidio amerindio, que están tan unidas como bien dice Howard Zinn. Se citan partes del libro en la voz de Samuel Jackson, y son emocionantes como suele ser Baldwin. Me conmovió enormemente y cuando terminó, hubo un aplauso... Yo también aplaudí. Las imágenes, algunas, son impresionantes. Aparece, por ejemplo, Lorraine Hansberry a quien acá no conoce nadie y que a mí me voló la cabeza cuando la leí. Yo no sabía que ella y Baldwin habían sido amigos, que se conocían incluso. La vería varias veces, de nuevo. Gracias, Tam.

27 de abril de 2017

Ayer, mientras esperaba que volviera Odi de su cena mensual de primos, Aquarius, la brasileña, con Sonia Braga. Por fin conseguí verla, me la perdí sistemáticamente en el cine (varios intentos frustrados por distintas razones). Me pareció fabulosa. La historia de una mujer contra una constructora, la idea de vejez que da, lo positivo de la historia a pesar de todo, las tomas fabulosas, la circularidad y las marcas de estructura (la sintaxis, que yo le digo: marcas que iban por el lado de un mueble importante y viejo y el canto de alguna tonada de Feliz cumpleaños, además del personaje de la tía vieja del principio), los toques de cultura de Recife, ese lugar donde viví un mes y que recuerdo mucho porque estaba sola, eso no me gustaba, y por esa razón, miraba mucho la ciudad y la reconocí en casi todo. Sonia Braga, bellísima como siempre y tan, tan excelente actriz. Me dieron ganas de volver a ver Doña Flor y sus dos maridos.

26 de abril de 2017



El libro nuevo... lo tengo en mis manos y está hermosísimo. Lo presentamos en la Feria muy pronto... con Eugenia Nobati la dibujante...
Una felicidad tenerlo.



Ayer, cuando terminó la serie que seguimos, Stan Lee's Lucky Man, todavía no tenía sueño así que intentamos Netflix y no andaba y al final me quedé sola (Odi es más tempranero para dormirse) y yo hice zapping hasta que encontré algo impensado y viejo. Película del 69. Un western musical con Clint Eastwood que cantaba... vestido realmente muy raro, camisas rojas, chaleco de crochet (juro), y cantaba..., enamorado. No pude resistirme y seguí mirando. Lo mejor era la ideología del asunto. En ese pueblo que se llama Ciudad Sin Nombre, en California tiempo del frenesí del oro... Eastwood y Lee Marvin comparten mujer. Deciden que sí, que van a vivir dos hombres con la misma mujer. Me caí en la cama. Maravilloso...

Mural de los chicos de la escuela La obra de Flores en las que habían leído en sexto grado El año de la Vaca y en séptimo Los que volvieron... un dibujo sobre la identidad. Preguntas emocionadas y emocionantes, silencio, cariño... Una visita inolvidable.

22 de abril de 2017

Se me ocurre comparar la visión de la mentira protectora en "Frantz", la película que vi ayer, donde la mentira es lo que era para mí cuando era una adolescente muy, muy triste y mentir me parecía absolutamente necesario, y la mentira constante, mal intencionada, desatada, cínica de los medios en estos días. No debería llamarse a esas dos actitudes con la misma palabra...
Ayer, después de mucho tiempo para mí (dos, tres semanas creo), volvimos al cine y con una amiga, en la mitad de camino entre nuestra casa y la de ella, en Belgrano (lejos para los dos grupos). Fuimos a ver Frantz, una película francesa-alemana sobre el fin de la Primera Guerra Mundial. Me gustó bastante. Muy europea en cuanto a realismo, diálogo, quedarse de este lado del mundo y no pasar nunca a la magia. Había un juego hermoso entre el blanco y negro (predominante) y el color (de vez en cuando, claramente un símbolo de que en ese instante se cree en el futuro). La película para mí era sobre la guerra (esa era la parte social que le molestó a los críticos de Página y me encantó a mí), la culpa, el suicidio y para mí (no lo vi en las críticas) sobre la necesidad de contar historias y la forma en que las historias ayudan a sobrevivir, sean verdad o no. El poder de las historias siempre me conmueve así que eso me conmovió. No fue de las películas que más amo pero realmente la pasamos bien. Me asombran las diferencias entre diferentes películas del director... ¿8 mujeres y esta? Nada que ver...

19 de abril de 2017

A mí me encantaría volver a las tardes en las que mi tía (era mi tía abuela pero yo la llamaba tía y fue mi única tía) me hacía tortas fritas porque llovía. El pan con manteca me gustaba pero con sal. para mí con azúcar no combina, lo lamento, pero la torta frita era maravillosa y el pan de batata, que llamábamos pompas también. Eso era delicioso y estaba combinado con que atrás, en la casa en la que vivía mi tía con mi abuela, se podía ver televisión más tiempo´(adelante no me dejaban). yo perseguía al Zorro. La lluvia no me gustó nunca pero las tortas fritas y las pompas que venían con ella sí.

17 de abril de 2017

El 17 de abril, en otros tiempos lejanos, anteriores digamos al cambio de siglo, cumplía años mamá. Los últimos trece, los del XXI, ella no fue ella y sigo diciendo que fueron demasiado largos para mí. Pero hoy 17 de abril, me acuerdo de esa vez en que defendió a una amiga (que papá, todavía más perfeccionista que ella, si es que eso es posible, había considerado... mal, por decir algo) y me dijo que estaba muy bien que yo tuviera amigos, que yo sí los tuviera (ella no, quería decir). O del día en que, después de la muerte de papá, me confesó que tenía un amor. Lo hizo como si pensara que yo iba a enojarme y yo me sentí tan agradecida, tan feliz, porque eso significaba vida, porque era una demostración de su capacidad para seguir adelante. Ella era tan parecida a mí en eso: no toleraba la soledad. O de la última vez que tuve un contacto real con ella (digo, personal, verdadero..., porque el Altzheimer la convertía en algo que yo no conocía y que me era, me es imposible alcanzar o sentir): estábamos en su casa y ella, que no hablaba hacía mucho, abrió la mano y me arregló un pliegue de la ropa. El gesto era tan suyo, tan mamá, tan poco mío. Un gesto que siempre me había irritado porque toda la vida yo amé, amo y supongo que siempre seguiré amando el desorden, el caos, que para mí es el lugar de la creación; porque siempre me fue intolerable no solo hacer orden sino vivir en él, el orden me es irrespirable. Ese gesto me conmovió ese día (sé que era invierno, la ropa era la que odio, gruesa, incómoda, pesada) aunque seguramente ella no sabía que yo era yo (hacía años que no me reconocía). El gesto me llegó para siempre porque en ese gesto, durante un segundo, menos, ella sí era ella de nuevo.

12 de abril de 2017

Sí, civilización y barbarie. El par binario básico con el que este país se manejó desde el señor Sarmiento. Pero sigue. Sigue. Y tiene que ver con definición, definidos y definidores. Eso está muy bien descripto en Beloved, la novela de Toni Morrison que cada tanto doy en la Facultad. Transcurre al final de la esclavitud en los EEUU. El capataz de la Plantación en que transcurre en parte se llama School Teacher, Maestro de Escuela. Y dice que él es el que define. Y que los negros, a quienes define como propiedades, cosas vendibles, no deberían ni intentar definir nada. Las definiciones no son para ellos, dice.
De otra forma, en otro contexto, es lo que están intentando ahora: definir a los que luchan contra ellos como "delincuentes", "sindicalistas" (palabra que transformaron en un insulto), kirchneristas (otro insultos), violentos, vagos, etc. No hay que dejarse. La respuesta es la de Morrison: hay que contar la historia desde este lado. Nuestra historia la contamos nosotros. No ellos.

10 de abril de 2017

Clase en un día agitado, raro y también el primero del frío (cosa que no ayuda a mi humor, por supuesto): como siempre, en mi seminario de 13 a 17, la primera media hora, 45 minutos es más solitaria. Muchos llegan bastante tarde, algunos me explican cosas del laburo, por eso yo dejo el trabajo en grupo (que es lo más lindo y el momento en que todos aprendemos más, creo yo) para las 15... y al principio doy una especie de teórico. El problema para mí es siempre que no decir..., hay tanto. Ese cuando preparo. Cuando estoy ahí, el segundo problema es que medio me voy por las ramas porque tengo mucho que agregar..., siempre, lo cual me hace sentir bien con lo que fui entendiendo a medida que pasaban los años.
Hoy empecé por el horror de la carpa y lo relacioné con nuestro tema, el dinero, la economía. Terminamos hablando de medios de comunicación, de lo que existe o no porque los medios quieren que exista o no exista, y del asunto maestros..., del hecho de que pegarle a un maestro parezca peor que pegarle a un boliviano (a los que Crónica un día no consideró "personas" según un famoso título rojo), lo cual no implica que las dos cosas no sean terribles. Después pasamos a lo que yo estaba dando, el maravilloso libro de Vogl, El espectro del capital..., que para que me guste a mí, supongo que es porque es de economía pero para los que pensamos otro tipo de cosas. Les di el capítulo dos, en el que se habla de Adam Smith y el liberalismo. Tan claro, tan perfecto, tan relevante para hoy que parece hecho para este momento exacto (y ya tiene dos o tres años, creo yo). Y todo el tiempo volvíamos de alguna forma al comienzo así que sí..., nos pasamos un cachito de tiempo y al final terminamos medio apurados a las 5..., cuando ya la cosa se ponía pesada con el horario. Me gustó. Cuando salí había llegado el invierno así que eso... no me gustó nada pero esa es otra historia.

5 de abril de 2017

Con respecto a los pantalones, fui la primera en ir a un asalto (tengo casi 60 años) con pantalones, unos pantalones negros con flores rojas, muy lindo, y bien ancho abajo como me siguen gustando. Fue una especie de revuelo general y para mí, una maravilla. Pero me dio mucho miedo hacerlo. Y con otra compañera fui la primera en ponerme pantalones debajo del guardapolvo el día que lo permitieron. Eso era porque odio el frío y en esa escuela hacía mucho...

3 de abril de 2017

Ayer, Malvinas. Acaba de preguntarme alguien si tengo escritura sobre Malvinas. No tengo. No sé por qué la historia de Malvinas me duele, como a todos, tomo partido por supuesto, y tengo mis anécdotas, pero no escribo sobre eso. No me llama para contar historias al respecto. Tal vez tiene que ver con la cosa militar... No sé por qué pero no creo que nunca escriba al respecto.
Recuerdos tengo de ese año.
Era el segundo año de nuestro noviazgo... y recuerdo mi angustia porque mi compañero estaba haciendo la colimba ese año. Así que recuerdo el espanto personal además del político. Y sí recuerdo el espanto general. La seguridad absoluta de que todo terminaba mal.
Y recuerdo muy bien lo que me pasó por ser traductora.
Una: tuve que forrar los libros (cosa que no había hecho antes y no volví a hacer jamás: me molesta, se me cae el papel, lo rompo, no gracias, soy desprolija de alma y sentimiento, me gusta la desprolijidad... demasiado para tener libros forrados) porque me insultaban en los colectivos por llevar libros en inglés. Así que leía, sí, pero con el libro medio cerrado y la tapa oculta.
Dos: Le doy clase a un tipo en una empresa (en ese momento hacía eso para sobrevivir, no me gustaba, pero era mejor que dar clase a chicos, cosa de la que soy totalmente incapaz, creo). Un ejecutivo importante que tomaba clase solo.
Me mira con algo parecido a la rabia y dice:
--Perdone que le pregunte, profe, ¿pero usted por qué enseña inglés? Digo..., ese idioma...
Yo soy mala para pensar respuestas inteligentes que destruyan al otro en el momento. No tengo chispa. No hago ni veo ni escribo humor, pero eso era lo que quería hacer. Y de pronto, se me ocurrió (una de las pocas veces en toda mi vida):
--Y usted, ¿por qué lo estudia? --le dije.
Me sentí un genio. Por lo menos el señor dejó de molestarme y no me dijo más nada.

2 de abril de 2017

Fuimos, último día, a ver a Cartier Bresson a la usina del arte. Qué lugar hermoso por fuera. Todos los edificios de la Italo eran así, tengo unos ctos bien ubicados en el Sur y en Capital. Adentro no me gustó. Las fotos, impactantes. Sobre todo, para mí q sé algo las de EEUU... Si conocer el referente, las de Asia... Fueron las q me gustaron menos. Me alegro de haber ido.

1 de abril de 2017

Ayer, Ghost in the Shell (y escuché una traducción muy pero muy zarpada y mal hecha como broma del título pero no importa, la buena sería algo así como "El espíritu en el caparazón"). Fuimos a Puerto Madero y yo sentía que era la noche perfecta: a mí me encanta ese calor hermoso de verano en la noche, ese aire cómodo, suelto, fácil de atravesar. La película me gustó mucho dentro de lo que es una historia con clichés, una típica historia de ciencia ficción pero mucho más femenina y menos machota que algunas (tanto en la literatura como en el cine, la ciencia ficción se divide en la que está escrita por hombres y mujeres, creo yo..., esta parece de mujeres en muchos sentidos, en otros no tanto). Me gustó por el arte, esa invención de ciudad bellísima y terrible, tan pero tan influenciada por Blade Runner (toda la película lo está), brillante, oscura, (pensé: si seguimos así cuando llegamos a ese nivel técnico, estamos perdidos). Me gustó por las actuaciones, todas, sobre todo la de Scarlet Johansson, que está perfecta para esta película que tiene el tono de un manga y nombres japoneses además de un personaje que habla todo el tiempo en japonés. Y me gustó porque habla de identidad..., lógico con la influencia de Philip K. Dick, totalmente fascinado por el problema de qué es ser humano en tiempos de robótica. Pero acá ese tema, tan relacionado con el individualismo (que la película defiende de más,para mí, en un discurso bastante yanqui al principio), se puede leer desde otro lado, sobre todo si es argentino. Acá el problema es arrancarle la identidad a otro, ponerle una falsa, convertirlo en algo que no es mediante el uso de una historia fraudulenta que se le inyecta en el cerebro. Robarse chicos, operarlos, usarlos para experimentos, convencerlos de que son otros. La verdad, cuando llega, es terrible. ¿No suena conocido? ¿No pasó acá y en España?

31 de marzo de 2017

El comedor atacado

Entraron.
Balas, puños, gritos,
desprecio
empecinado.
¿Por qué?, dice la mujer
de ojos duros que cocina.

Cocina,
dije.
Un verbo inofensivo.
Habla para la única cámara
y enumera:
Balas,
puños,
sangre,
gritos.
Vinieron
al refugio,
al lugar con menos hambre.
Es por eso.
Ella dice
mis criaturas.
Dice pitucos.
Dice resguardar.
Dice cocino.
¿Por qué?, pregunta.

Es por eso el ataque, digo yo.
Porque para ellos,
mirarse
a los ojos, encontrarse,
está prohibido.



No creo en la división binaria de la vida que viene con esa frase: "Hay dos clases de personas en el mundo"..., pero voy a usarla porque la de anoche fue una noche inquieta... Así que: "Hay dos clases de personas en el mundo", las que no necesitan otra cosa que apoyar la cabeza en la almohada para dormirse y nosotros, los que tenemos que apelar a rutinas, historias, vueltas, televisión, un largo trabajo de hormiga para convencer al sueño. Una de las cosas que hago cuando me doy cuenta de que sigo muy despierta es recitarme escenas de películas que recuerdo de memoria, diálogo y todo, hasta que se me mezclan con otras imágenes y entonces sé que por fin, por fin, me estoy durmiendo. En general tengo tiempo de decirme algo como "Vamos bien"... Una de esas escenas, la que me salvó anoche, es la típica scene a faire (sé que no le estoy poniendo los acentos correspondientes, ni sé dónde están, nunca escribo en francés) de las comedietas románticas que tanto me gustan. Una escena que se promete desde el principio y que, a veces, conmueve y a veces, desilusiona (a mí me desilusionó mucho la de Orgullo y Prejuicio, esperaba más emoción): reencuentros, pedidos de perdón, un beso, un abrazo, confesiones, la comprensión. No es una gran película, no, Por siempre Cenicienta, pero es una de esas que me marcó y que vi mil veces. Tengo de esas. Amo el cine intelectual (no el MUY intelectual, ese no) pero me gusta este otro también... Me sé ese diálogo final entre el príncipe y ella, me lo sé en inglés, y me imagino hasta las tomas y el fondo. Gracias por esos momentos no del todo artísticos que nos convencen, falsamente claro, de que todo está bien en el mundo (Brecht los odiaría). Porque en mi caso, ara llamar al sueño, creo, hay que sentir que todo está bien en el mundo.
A ver..., ¿era lo mismo? Estos son los momentos en que me da furia, realmente. Me dan furia ciertas ideas... que nos llevaron a esto. Lo del comedor de Lanús, acá, tan cerca, esa sensación que tienen de que pueden atropellarlo todo, todo y mentir y seguir sonriendo y mintiendo y que algunos les crean. Cuando pasan estas cosas mientras se comen todo, todo, porque se creen con derecho a eso, y que no haya manera de protegerse, salvo en algunos pocos casos porque del otro lado, parte de la llamada Justicia los apaña y los protege.
Es el combo: para nosotros todo lo que vale, la educación, la salud, la luz, el gas, los viajes, las compras (porque lo merecemos..., la meritocracia que es tan esencial para la justificación de todo esto), para ustedes las golpizas, la falta de piedad, la falta de verdad y justicia (AMIA, la dictadura, los juicios contra los civiles), la falta de todo.
Y después me dicen que es lo mismo.

28 de marzo de 2017

Julieta Pinasco cuenta sobre un chico que pedía permiso para no leer El mar y la serpiente porque le dolía demasiado. Un relato emocionante. Yo tuve algo parecido pero no del todo y me dieron ganas de contarlo.
Hace años voy a una visita a una escuela en San Fco Solano que fue una de esas visitas inolvidables. Era una escuela en medio de algo muy parecido a una villa, una zona terriblemente pobre. Uno de los libros que habían leído era sobre la dictadura y sus secuelas, El año de la Vaca. En ese libro hay seis puntos de vista, tres de personajes varones y tres de personajes mujeres y siete personajes (hay uno que no habla nunca y es la "Vaca" del título). Uno de esos personajes es el Rafa y yo nunca lo quise. Se parece mucho a los chicos que me hicieron sufrir en la secundaria, abusivo, dueño del mundo, de esos que lo atropellan todo. Alguna vez algún comentarista (hombre) me criticó porque yo no lo perdono y no, no quiero perdonarlo. No me arrepiento de eso. Pero estando en esa escuela, sentada con chicos de 7mo que habían hecho una maravillosa obra de teatro con el libro, la maestra les pregunta quién querrían ser. La mayoría dice la Vaca (pero yo no se los deseo: ella se parece a mí en mi soledad, aunque entiendo que quieran porque esa chica en el libro, tiene poderes..., poderes que yo no tuve). Uno de los chicos, menudito, morocho, ojos enormes, me dice "El Rafa". Yo me horrorizo. Pienso en qué habré hecho mal para que él diga eso..., porque si hay algo que no quiero es que nadie quiera ser el Rafa. Así que le pregunto: ¿Por qué querés ser el Rafa? Y él dice, la voz bien baja: Porque si yo fuera el Rafa nadie me pegaría.
No me olvido.
Me cuenta una maestra de Flores lo que dijeron los alumnos en su clase cuando leyeron "Un vacío en el lugar del nombre", mi cuento sobre estas fechas.
"Las mentiras serían como ese viento fuerte que no deja pasar de Olvido a Memoria" "¿Viste seño que los caminos de Olvido es como que nunca llevan a ningún lado?" "Debe ser horrible que mirarte al espejo y que te falte la cara... y el nombre..."

24 de marzo de 2017

Marcha: por ahora mis fotos. Salí del subte y dos sorpresas (aunque las marchas son, para mí, esencialmente lugares donde se busca la magia, hablando de lo cual quiero esa remera negra que decía "No fue magia"..., perfecta para mí... no la vi en los puestos de remeras): primero un cartel hecho con enorme cuidado como reemplazo del nombre de una estación de subte: Macri delincuente, decía. Y después, salgo, doy dos pasos por la Diagonal hacia Plaza de Mayo y ahí están mis hijas, las dos. Las abracé, ellas tomaban mate (qué cosa el mate: mis viejos sí, yo no mucho, nunca sola, ellas sí). Las volví a ver varias veces, iban en una columna muy cerca. Caminamos cerca de la gran abuela marioneta que se ve en las fotos mientras alrededor bailaban y barrían las bailarinas y después también sin escobas, tango y sobre todo folclore. Nos encontramos, la LIJ y después encontré muy cerca también a mi marido, del otro lado de la abuela. Caminé de charla que con muchos, uno por vez, y el país y el mundo y nosotros y lo que nos pasa caminó con nosotros.
Al final, cuando medio nos íbamos (yo no daba más, amo el calor y hacía mucho excepto a la sombra donde para mí estaba hermosísimo), me costó encontrarme con Odi. Atravesar dos veces la esquina donde se unen San Martín, Rivadavia y Diagonal..., fueron horas de atravesar la marea. Por encima flotaban los drones, a veces muy cerca. Alguien desplegó un helicóptero de cartón para el presidente. Nos encontramos... La emoción, el cansancio, el espanto porque se caminó para atrás, el reconocimiento, el abrazo... los plantamos en todas partes. Son transparentes pero crecen.