20 de febrero de 2018

La edición de los poemas de Langston Hughes.
Me acordé de que iba a poner algo porque alguien siguió hablando de Merlí (que no toleré y dejé instantáneamente o casi...). Estamos viendo "Carbono alterado" (en castellano, ponen el título en inglés, en fin..., no es tan difícil de traducir, creo). Es obvio que el libro original de ciencia ficción no es bueno y que la historia en sí no es muy interesante ni muy lógica ni nada. Pero está bien filmada, no mal trabajada (aunque tampoco la locura) y tiene sentido (para mí) el ensalzamiento del trabajo en equipo. El problema, grave, es que para contar algo no tan profundo (porque no lo es, aunque toque temas como el de la identidad, y siempre esté rozando lo religioso, ese grave problema, para mí pero eso son gustos, de cierta ciencia ficción), el guión de a ratos es incomprensible. No explican lo que, se nota, tampoco es tan difícil de explicar... Hay ratos en que no se entiende lo que pasa y no es una película francesa super intelectual. Eso es malo..., para el género, para la idea, para todo. Seguimos porque no tiene temporadas, se supone que termina ahora... ¿Una buena? A mí, el actor principal me puede...

17 de febrero de 2018

Bueno, el señor presidente, tan republicano, se permite retar a los jueces que cumplieron con la ley que dice que todos somos personas..., todos, también los ladrones. Y dice que el 80 por ciento está de acuerdo con que el señor policía hizo lo que tenía que hacer. Yo quiero entonces decirlo: estoy con Zaffaroni. Y no, el policía no hizo bien. Como tantas veces en mi vida (salvo unos años maravillosos), estoy con el 20, con la minoría. Y como amo el lenguaje, me permito yo también llamar la atención sobre esta oración (no era exacta pero sí parecida): "la mayoría piensa que la policía tiene que protegernos a nosotros". ¿Nosotros? "Nosotros" significa grieta y sí, eso que ustedes llaman meritocracia: hay un nosotros y hay un ellos. Y el ellos no merece nada de nada, no existen, hay que eliminarlos. Yo no quiero ser ese "nosotros", no. No me interesa. Es un "nosotros" cruento que clasifica la humanidad en "humanidad" y "cuasi humanidad" o ni eso. "Humanidad" y "animales". De ahí al genocidio no hay más que un paso y hay quienes (el señor policía, por ejemplo) ya lo dieron.

11 de febrero de 2018

The Post. La fuimos a ver ayer a Adrogué, y tardamos tan poco en el viaje que me di cuenta de que en ciertas circunstancias de tránsito estamos casi a menos distancia de ese cine (al que vamos bastante) desde Ezeiza que desde Lomas-Banfield. Me hizo bien el cine (son rarísimas las veces en que no me hace bien, es casi nuestra única salida cultural..., nuestra preferida sin duda). La película de Spielberg sobre la publicación de la investigación de un periodista sobre Vietnam y lo que estaban haciendo ahí los EEUU como política de estado (digo: Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon es política de estado, supongo..., y ese dato es el que más me interesó) está bien, es cine clásico, bien de Hollywood; Meryl Streep es una genia siempre, Tom Hanks no me termina pero pasable...; todo lo demás cuidado, etc... Pero a diferencia de la de la prensa sobre los abusos de curas con Mark Ruffalo..., que me voló la cabeza..., esto no me emocionó. La pasé bien, me contaron cosas que no tenía del todo claras, me aguanté las declaraciones de cierto cine mainstream respecto del sistema de vida en los EEUU, todo bien en realidad... Y nada más. Ah..., me pareció aleccionadora sobre la relación entre el periodismo, el poder y la justicia con respecto a la Argentina de hoy..., y el aplauso del final tiene que haber venido de los más anti Macri..., lo cual me también me hizo bien... Sería lindo tener una justicia imparcial y periodismo decente (más allá de los medios que este gobierno está intentando ahogar: Nixon, derecha, hacía lo mismo allá). Por otra parte, sé que el guión deja de lado varias cosas medio fuleras sobre los personajes. Así que sí... y nada más que sí, sin signos de admiración. Yo no tengo valor, no puedo en este momento (y menos hoy, con frío) ver nada mucho más fuerte que eso así que..., de todos modos, agradecida.
Anoche, después del cine, cruzamos a comer a una parrilla de Adrogué donde hacen otras cosas (no me gusta el asado así que nada de parrilla sola). Comimos muy bien, entre paréntesis. Eran las 10 y, como siempre, el cine me había distraído un poco en el buen sentido. Nos sentamos afuera y yo le dije a Odi que amo ese aire blando y bueno y quieto, la caricia del calor en las noches de verano. Y después, bruscamente, de un segundo a otro, llegó el otoño. Hizo..., sí, frío. La mitad de los que estábamos afuera se levantó y se mudó adentro, Odi cruzó Yrigoyen y me buscó su campera. Yo pensé en el martes 6 antes y después de la llamada en la que me contaron que Lili había muerto. Hoy, parece otoño... Y eso me pone más triste...

9 de febrero de 2018

Llovió, por suerte... A mí me gusta el calor, no es eso. Pero faltaba agua y mucha. Miro las plantas y sé que están cantando. Y todavía no es el final del verano, ese "carnaval, uvas y otoño", que decía mi hermano (en el sentido malo que damos los que amamos al calor al otoño, quiero decir) cuando hablaba de febrero..., el mes del final, ese que decía Victor Hugo (el francés) cuando decía "les mois charmants finissent", terminan los meses del encanto..., porque después viene marzo y marzo..., marzo es otoño y después del otoño viene el invierno... Pero todavía no así que la lluvia está bien. Sí, está bien, me digo. La lluvia hace falta, incluso cuando tenemos la tristeza tan adentro que necesitamos (yo necesito) calor y sol para dorarla un poco, para sentirla un cachito menos.

8 de febrero de 2018

Tu ausencia en verano
(A Liliana Bodoc, 6 de febrero)
Hablarte duele,
amiga.
Eso me llamabas
y yo aprendí a decirlo.
No estabas cerca
pero el mundo es cerca
y yo sabía que estabas.
Ya no.
Ya no y las dos palabras
juntas
me desgarran
en este no silencio
de los pájaros.
Como no creo
en dioses
(te lo conté
mil veces
en poemas),
ya no.
No hay otro lugar
para vos
que mi conciencia
y la de tantos
que hoy lloran conmigo.
Y los libros, claro,
porque escribías.
Íbamos,
siempre,
a escribir algo juntas.
No lo hicimos.
No lo hicimos nunca.
Ya no
hay tiempo.
Y sí,
el tiempo es el problema.
Lo caminamos
de a dos
muy de a ratos.
Lo perdimos.
Pero hubo
un espacio entre nosotras.
Ya no.
Y eso me devuelve al llanto.
El frío me duele
adentro.
Afuera,
por suerte,
es verano.


6 de febrero de 2018

Por una vez, leo la pregunta de Facebook porque esa pregunta llega antes que yo..., hoy todo llega antes que yo porque yo siento que es tarde..., que es siempre tarde. ¿Qué pienso? Pienso en vos, amiga, que me decías "Amiga" todo el tiempo..., en vos, Lili..., que a veces desaparecías por completo y no contestabas mensajes y sin embargo, estabas ahí, sin duda, yo lo sabía. Ahora ya no. Ya no. Y cuando pienso esas dos palabras ("ya" y "no") se me vuelven a llenar los ojos de lágrimas. No dejo de llorar. Creo que hacía años que no lloraba y ahí está, el camino de las lágrimas, todavía lo sé, todavía lo entiendo. Se ve que es como andar en bicicleta, el llanto... Y está bien. Lo necesito. Miro a través de las lágrimas y el verano sigue ahí... Que así sea, por lo menos el frío viene solamente desde adentro.
Murió Liliana Bodoc

Esta historia es muy pequeña, pero vale la pena contarla hoy.
Porque los libros tienen una magia extraña, que a algunos nos afecta de maneras medio raras:
Tenía 16 años y estaba determinadísima a leer más escritores argentinos, porque notaba que a mi alrededor los libros que iban y venían eran ingleses o yanquis. Era mi época de Cortázar, Sábato, Borges, Cambaceres, Bioy Casares... como notarán, todos hombres y todos muertos.
Leía por recomendación, porque el nombre resonaba seguido o porque otro escritor lo había leído. Y no me animaba a otros libros, porque... no. Porque generalmente hacemos eso: leemos por recomendación, influencia o referencia.
Un día de esos en los que extrañamente tenía plata encima (venía ahorrando en la cantina de la escuela), andaba por el centro de Santiago del Estero y mis pies se fueron solitos a la librería más grande de la ciudad. Era un galpón horrible, mal iluminado y gris, en plena avenida, con libros medio apilados, medio acomodados, lleno de aromas de papel y tinta y de colores e imágenes de tapas.
Entré y supe: ahí estaban los libros que me iban a marcar de por vida.
Caminé directo hacia una mesa de rebajas, que estaba a mitad del galpón. No los veía, pero sabía que estaban ahí.
La sensación es medio rara. Va primero el alma, los ojos andan medio ciegos, el cuerpo obedece a un instinto muy primitivo y la cabeza pierde todo sentido de la lógica. Allá va todo el cuerpo, el brazo levemente extendido, buscando, los dedos tanteando el aire pesado, como una varilla de árbol que encuentra agua. Los pies torpes, uno delante del otro, sin conciencia de su andar. En ese momento metí la mano entre los libros, saqué uno, dos... y ahí estaban apiladitos, uno detrás de otro, los libros que me llamaban.
No me pasó una vez, sino ya 3 veces... y con autoras mujeres y sus sagas. La segunda vez fue con Úrsula K. Le Guin, a los 17: nunca había oído de ella, nadie a mi alrededor la leía, pero sus cuatro libros con historias de Terramar me pedían que los llevara. Y después me pasó con Márgara, a los 27: encontré tres de sus cuatro libros de Historias de los Cuatro Rumbos que estaban ahí esperándome y, simplemente, lo supe.
Esa primera vez, que fue muy fuerte y muy extraña, encontré La Saga de los Confines de Bodoc. Era una edición hermosa y simple, en naranja, rojo y violeta. A Bodoc ni la había sentido nombrar, no sabía lo que hacía y ni siquiera podía leer de qué trataban los libros, los ojos estaban medio idiotas y la cabeza sin sentido. Los abracé, sentí el olor de los libros y me los llevé.
Ese verano me metí en el mundo de los Confines, Empecé a decirle a todo el mundo "le patea el culo a Tolkien, es nuestro Señor de los Anillos" y lo recomendaba en cuanto me pedían algo para leer.
Con el tiempo, la escritura visceral de "La Bodoc" se me hizo propia, me influyó mucho y hasta el día de hoy me sigue causando maravilla, amor, horror y otras sensaciones que van más allá de la magia que tienen los libros.
Las palabras de Liliana, toda ella, es tan real, tan visceral, tan tierra, tan nuestra, que es imposible que se haya muerto.
Liliana está viva en esa poesía que es prosa, que es denuncia, que es caricia y hierro, que es verdad, pero es fantasía y belleza y horror, es mundo nuestro e imaginado.
Y escucharte... Bodoc, por favor... lo que fue escucharte... Se te va a extrañar, Tía querida.
No sabés la cantidad de "familiares" que tenés por estas tierras, que nos hicimos parte tuya por tus palabras. Nos dejás tu recuerdo en las entrañas, con tus palabras en la boca, con tus mundos en la mente. Gracias por tanto.
 

3 de febrero de 2018

Ayer, volvimos al cine después de casi un mes y como siempre salimos en enero, siempre nos perdemos mucho del cine que estrenan por el Oscar. Lo cual lamento, la verdad. No es que me guste lo que gana el Oscar pero no lo niego: el cine de los EEUU es el que más me interesa en general. Lo de ayer fue hermoso: en castellano se llama "3 anuncios por un crimen", en inglés algo mucho más poético, simbólico y claro; "3 carteles en las afueras de Ebbing, Missouri", digamos, una mejor traducción aunque supongo que era importante poner la palabra "crimen". Me fascinó de principio a fin. La historia cierra por donde se la mire. Los actores son uno mejor que el otro: Francis McDormant, impecable; Woody Harrelson, lo mismo; el impresionante Sam Rockwell (lo pensé cuando hizo de Presidente en la versión de Guía para los viajeros de la galaxia, libro que acabo de releer para el diario) y los secundarios, desde Dinklage hasta la chica tontita que sale con el marido de Myrtle, uno mejor que el otro. Es una de esas historias de pueblito chico que tal vez son las que más me gusta (tanto leer como ver como escribir), un pueblito en el que hay de todo, desde racismo y sexismo (como corresponde en un pueblo del Sur) hasta cierta conexión especial de quienes se conocen desde siempre. Y los diálogos son excelentes. Y para mí, en cierto modo, es una partida, un juego de alianzas que van cambiando y transformándose constantemente. Empieza con una persona sola en un auto y termina con dos en el mismo auto, empieza con un viaje de vuelta y termina con un viaje hacia el exterior del pueblo. Es como una pintura sobre las relaciones humanas y su infinita flexibilidad. Un gusto volver al cine de esa forma.

2 de febrero de 2018

Ayer terminamos "La mantis". En la primeros capítulos me enganchó, tenía ritmo pese a ser fcesa, excepto el protagonista estaba más o menos bien actuada... Pero no. Ideológicamente, me molestó bastante. Y las vueltas del guión terminan x cansar... Hay algo en el trato a las mujeres que parece una defensa pero... no del todo... Es, en el fondo, terriblemente conservadora... No la recomiendo.
Trabajador, por Márgara Averbach

Cuando todos se van,
nos sentamos
en la playa
a ver cómo se escurre
el sol
entre los granos de arena.
Él levanta la sombrilla
y sube por el camino
hacia la ciudad abierta.
Después
se pone ocho sillas,
una tras otra,
sobre la cabeza.
Se le dobla
la espalda joven
y vieja también, anciana,
cuando se aleja.
Eso quería contarte.
Eso,
apenas.



1 de febrero de 2018

Hace muchos años, antes de la elección en la que ganó Macri en la ciudad de Bs. As., una persona (no está entre mis amigos de Facebook) me dijo que él y Filmus eran lo mismo. Por una vez en la vida, sorprendida porque no me esperaba eso, yo, que suelo esquivar las discusiones políticas (no son para mí, admiro a los que son capaces discutir, yo no lo hago, me lo impide mi timidez, supongo, porque o me voy al mazo o grito, no tengo término medio), le hablé de algunos temas: la cultura, el manejo de la represión, el apoyo a los de abajo. Creo que fue eso. Y esta persona, tal vez porque nunca fuimos amigos íntimos, solamente conocidos, me escuchó y me dijo que sí, que bueno, en los primeros dos temas, yo tenía razón, no eran iguales. Que claro que a mí me iba a interesar la cultura (insinuó que eso era cierto tipo de defecto que venía de mi carrera, Letras, y del hecho de que soy escritora). Del segundo dijo: No importa, porque el Jefe de Gobierno no tiene policía (o sea..., que no importaba si no la tenía, total no podía ejercer su deseo de represión). Del tercero, no, no, él creía que eran iguales... No sé por qué me vino esa conversación a la mente hoy mientras cierran Pakapaka y los canales culturales, echan a muchos, constantemente, del estado, desarman Planes nacionales de lectura y de reparto de computadoras, reprimen (yo lo viví el 18 de diciembre), y sube todo mientras siguen repitiendo que más de 15 por ciento de aumento no en las paritarias... No sé por qué.

9 de enero de 2018

Terminamos la serie documental Wormwood de Morris, el de Fog of War. Está bueno enterarse pero la serie es demasiado larga y repetitiva. Tiene cosas excelentes como el reloj siempre a la misma hora, un símbolo perfecto. Pero en tres capítulos era suficiente

3 de enero de 2018

Hace años, cdo mamá, antes de perderse x completo, fascinada como siempre estuve con lo egipcio, me dejó elegir entre las piezas que tenía, traje a casa esta Nefertiti marrón. Este año cdo realmente vaciamos la casa, me di cuenta de que tenía heridas, partes blancas. Hoy la llevé a una casa de arte en Lomas, donde una vez me puse a discutir sobre Bloomberg, él a favor y yo en contra, y le pregunté al hombre como re pintarla... Me dijo que la patinara. Yo nunca supe cómo se hacía y me dio miedo pero ahí está, mucho mejor..., y a mí me dio una alegría callada haberlo hecho, casi como si pudiera mostrarsela a mamá, mañana.

1 de enero de 2018

Recuerdo los Años Nuevos de mi infancia, campos de luciérnagas en la noche mientras esperábamos yo no sabía qué y tomábamos gaseosas (cosa inusitada, para nosotros era soda, como sigue siendo ahora) y comíamos cosas dulces que yo adoraba y corríamos entre los árboles en Ezeiza con mi hermano. A veces, muy pocas, hacía el calor suficiente como para meterse un poquito en el agua. Recuerdo el aire tibio que me gusta y las carreras entre las ramas. Y recuerdo que un día, por primera vez, quise ver realmente qué significaba el cambio de año y me esforcé por prestar atención a las 12 de la noche, a la que me costaba mucho llegar (no sé qué edad tenía pero era chiquita). Presté atención. Tenía la sensación de que habría algo mágico en el aire, un cambio poderoso, un color diferente. No pasó nada. Así aprendí que ciertas fronteras son un invento humano solamente...

31 de diciembre de 2017

Ok, ayer, en Adrogué, The Greatest Showman, con Hugh Jackman. Empecemos, como siempre, por cuestiones de gusto. Lo repito porque los muy pro canon, los que se dejan impresionar por los "grandes nombres" (pienso más en escritores que en cine en este momento), no creen que el gusto personal importe y yo sí lo creo. Hay autores muy, muy reconocidos que yo veo como grandes autores pero que, a mí, no me gustan nada. No me mueven un pelo, como digo siempre. Autores que no daría nunca en una clase porque me aburren soberanamente por más nombre que tengan. No digo nombres, hoy no, porque eso siempre implica enojos en quienes creen que estar en esa lista garantiza que todos tienen que apreciarlos... Yo creo en el gusto así que ahí va el gusto primero: yo disfruto enormemente de los musicales, me gustan casi siempre (no es 100 por ciento, no. Para dar un ejemplo cercano que muchos apreciaron y yo no, La La Land, me pareció horrible pero no es lo que suele pasar...). Me gusta la irrealidad que los rodea, ese ponerse a cantar en medio de un diálogo me fascina, me gustan hasta las lágrimas las escenas con música y mucha coreografía y mucho ritmo y color en las que todo está planificado pero de alguna forma parece casi espontáneo, y no. Las escenas en las que el cuerpo dice todo (más que las palabras pero las palabras, las letras de las canciones, ayuda). Y me gustan el triple si hay algo social, algo relacionado con mis intereses personales. Así que The Greatest Showman, con su constante mención de la mirada de asco al diferente, al que es negro o enano, o "feo" según estándares reconocidos, o raro..., me fascinó. Del otro lado, claro, está la típica historia del American dream, del que viene de abajo y se empecina y sale adelante y se vuelve, antes que ninguna otra cosa, rico y la típica reivindicación de la familia nuclear y la familia de amigos y los problemas de las clases que suben hacia una cierta aristocracia y descubren que la aristocracia nunca va a aceptarlos... Todo eso, tan estadounidense no es ni original ni nuevo ni nada de eso. Pero el resto bastó para que pasara exactamente el rato que quería pasar en un día como ayer, al final de un año de mierda. Ah..., actuaciones. ¡¡Qué genio es Jackman!! ¡¡Qué completamente distinto está de lo que es en Wolverine, digamos, la última que vi!! Y Zac Efron..., estupendo. Los bailes, fascinantes: esa desprolijidad absolutamente controlada me dejó sin aliento. Si tienen ese gusto, vayan. Si no, olvídenlo. El gusto importa.
Ayer, en una reunión de amigos que me hizo bien, todos dijimos por qué deseo brindabamos. Yo brinde x un poco de respeto al lenguaje... Que reparación sea la vez curación, cariño, abrazo, no robo. Que sinceramiento tema relación con la verdad no con la mentira. Que alegría vuelva a ser mi palabra preferida y no un globo amarillo con dientes de depredador...

29 de diciembre de 2017

Libros del año, incluyendo antologías:








Aviso: yo no soy de las que ponen fotos a todo... O sea, esto es un balance personal poco interesante y largo... Pido disculpas de entrada.

En lo personal: hoy entró mi trámite de jubilación de todo lo que tengo en docencia (bastante) en la ANSES. Eso me cambia todo, seguramente porque no me jubilo feliz. Si hubiera podido, habría seguido lo más posible pero frente a este deseo de reventarnos en todo, lo más lógico era intentarlo cuanto antes y mi "cuanto antes" era en agosto del 17. O sea que..., este fue un fin de año completamente diferente... En general, a mí me gusta que terminen las clases porque, aunque me gusta muchísimo dar clase, eso significa verano, malla, agua, calor, todo lo bueno y que me pongo a escribir una novela y a leer más y a no tener horarios y a olvidar qué día de la semana es y todo eso es maravilloso para mí. Ni hablemos de los viajes, que para mí son importantes, sobre todo si voy a lugares que nunca vi antes. Pero este año todo tiene un perfume a final porque no creo (salvo hechos fuera de mi alcance, que no creo que sean buenos si suceden...) que llegue a terminar el año que viene, o sea que es o podría ser la última vez que termino un año completo. Eso no me gusta..., no me gusta nada. Es más: estoy tratando de buscar maneras de seguir dando clase cuando lo de siempre termine... ¿Será por eso que todo me cuesta más? ¿Que no siento la alegría de siempre? ¿Que hasta ahora me senté poco a escribir? Sí, supongo que sí. Y para peor, las fiestas: históricamente, o me iba de vacaciones el 20 de diciembre con mis viejos y entonces, no tenían importancia ninguna, algún regalito en Año Nuevo, en un campamento en el Sur o en un hotel de Brasil, o festejábamos Año Nuevo solamente o, después del 81, yo iba a casa de Odi en Navidad y él venía a casa en Año Nuevo. Resultado: la carga para mí está en Año Nuevo... Pasar Navidad sola no me molesta, fue "lo normal" durante toda la infancia. Pero este año es al revés: no nos vamos por ahora, pasé una Navidad hermosa con mis hijos, los tres juntos con amigos que no tenían adónde ir... En Año Nuevo, no tenemos planes por ahora. No estoy segura de que eso me guste.

23 de diciembre de 2017

Ayer, en Adrogue, The Disaster Artist, de James Franco. La comparación que surge enseguida es con Ed Wood de Tim Burton. Hay una cuestión de gustos con respecto al tono. Esta es grotesca, la de Burton, cariñosa, sentimental. Me gustó más la de Burton. Lo grotesco no termina de gustarme. Pero Franco es un genio y el drama de quienes quien ser artistas y no tienen talento siempre me parece terriblemente doloroso. Al lado, en paralelo, esta el asunto dinero... Creo que eso debería tener todavía más importancia de la que tiene. La disfrute y a la parábola también... La fama x lo malo... Una más. Una frase demoledora, sobre todo en EEUU: No porque sea tu sueño y lo quieras, va a pasar..., a menos que tengas dinero, claro está.

20 de diciembre de 2017

Hace un momento, justo cuando se iba el sol, el aire de mi casa se llenó de golondrinas. No sé si es este año horrible pero yo no las había visto y siempre me hacen perder el aliento... Ahí estaban, todas juntas, cazando en arcos fabulosos en el aire. Dibujaban el mundo. Después, vinieron las noticias de Luján. No llegué a darles las gracias.
Hoy fue un día complicado y confuso. Me fui a un desayuno de una editorial (que en realidad era ayer y al que ayer no podía ir porque supuestamente íbamos a tomar examen) y todo fue tan súbito que me quedó en la cabeza que era en la editorial y cuando llegué, a tiempo como siempre, era en la otra punta de Buenos Aires, bien al Norte, en lugares que no conozco mucho. Vistas las circunstancias, decidí no ir así que me pasé las horas hasta mi siguiente cita (con el abogado de la jubilación, sí, cosa que me cuesta mucho porque la única razón para hacerlo es que aunque no tengo ganas de irme, sí tengo los años y hay cuestiones de defensa propia) caminando y viendo regalos y tratando de cumplir con notas que hay que anotar hasta fin de año. En algún momento, en un lugar al que nunca entré y al que no creo que vuelva, entré en un restorancito de la recova del Bajo entre Corrientes y Lavalle a comer. Comí con el libro abierto (mi policial islandés, el que estoy leyendo para comentar, muy interesante) y cuando pedi la cuenta, en la mesa de al lado, se levanta una mujer de mi edad, tal vez un poco menos, se me acerca y pregunta:
--¿Usted es Averbach?
Totalmente sorprendida digo:
--Bueno.., sí.
Y entonces, me felicitó porque me leía, me dijo que había comentado un libro mío y que me leía siempre y me dijo (justo eso):
--La complejidad de lo que escribe..., es tan... bueno.
Le dije que me habían dicho que escribía demasiado difícil pero que yo no hacía caso. Dijo:
--No haga.
Le di las gracias. Me había arreglado el día. Se lo dije, creo. Soy tímida para esas cosas.

19 de diciembre de 2017

Ayer, una amiga y yo tomamos examen y después de comer algo, nos fuimos al Congreso. Era un día hermoso. Hace cuatro años (para usar uno de mis números favoritos), yo habría sentido esa ferocidad dulce que siento en las marchas, ese estar viva. Lo sentí al principio. Con fuerza. Vimos pasar las columnas grandes que venían x Rivadavia. Aplaudimos cdo pasó Tomada. Charlamos. Yo me mantenía en comunicación con las chicas, que estaban más atrás. Después, vimos corridas. Por Paraná empezó a pasar hacia Mitre la Cámpora. Nos fuimos con ella. Dos o tres sentían miedo y al final decidimos seguir a Corrientes. Pero la ciudad entera estaba tomada. En Corrientes, tomamos cerveza (ellos) y soda (yo) y miramos la tele. Después apareció Gendarmería. Salimos a la vereda. La gente les gritaba asesinos. Aplaudí con otros. Eran muchos y tenían perros. Recordé el odio a los perros en la literatura sobre esclavitud. Después me fui a casa. Estaba totalmente agotada. En mi barrio no hubo cambios cacerolazo pero supe que sí en la plaza. Y ahí vino otra vez la alegría feroz, la sensación de que para ellos, los que viven de la miseria de otros, eso también es una derrota. No había dormido nada. Dormí 10 horas. Me desperté cdo la aprobaban.

18 de diciembre de 2017

De nuevo, cuando el poema es nuevo tiene errores. Le falta camino, trabajo. Pero hoy es hoy y por eso, lo pongo.

Las plazas de diciembre

Hoy hay una línea
que corre
entre los senderos
y los árboles
como una mecha de pólvora
encendida.
De un lado,
el hambre y la furia
(porque las dos
van juntas).
Del otro,
ojos que miran hacia dentro
o, cuando se atreven al afuera, solo
hacia los espejos,
que dicen siempre yo y siempre dicen plata.
De uno,
hay un vacío
blanco y serio,
un desierto sin manos
ni ventanas;
una llanura
de billetes quemados,
de monedas blancas.

Hoy, las calles se abren
en sangre
y gritos
y balas.
Después, la mentira,
claro. La cámara.
La imagen
retocada.
Pero yo estuve ahí,
yo vi
la línea.
La vimos muchos.
La mentira
no la tapa,
no del todo.
Ahí está la plaza:
de un lado,
las calles
abiertas,
pobladas de voces,
de palabras;
del otro,
el fuego, el cemento,
la indiferencia,
el dinero que late
en el centro,
como una boca
hambrienta.

17 de diciembre de 2017

Bueno, ayer el cable, claro, vimos Rogue One, una historia de Star Wars. Con esa serie me pasa como con ciertos humoristas muy sacralizados que a mí nunca me gustaron ni me dijeron absolutamente nada...: lo lamento, nunca me gustó. Nunca me enganché, no me interesa. Cuando vi las primeras tres que salieron (4, 5, y 6, digo, las que son como cine de culto), no me movieron un pelo. Todo era muy pero muy infantil y al mismo tiempo pomposo. Yo amo las historias de los dibujos animados, voy a verlas pero esto no... La única que toleré algo es la 6ta pero creo que porque le vi mucho de western en algunos tramos. Nada me gustaba salvo el churro de Harrison Ford... y no como actor. Nunca me enganché ni con la historia, ni con la cuestión místico-religiosa de la Fuerza ni con los efectos especiales. Por otra parte, salvo excepciones, la ciencia ficción no es lo mío. No, Rogue One no me gustó pero fue mejor que las que vi antes. Por lo menos era menos el elegido y más el grupo, como me dijo mi hijo, y era una única historia y no doscientas mal relacionadas (cosa que yo sentía con las demás). Y el final infeliz..., bueno, tenía sentido...

16 de diciembre de 2017

Ayer, como no prendió la serie que intentamos (no me gustó nada The Sinner), vimos Jim and Andy, el documental sobre la filmación de la vida del cómico Andy Kaufman con Jim Carrey. Me impresionó, cierto: Una locura completa lo que le pasó a Carrey, ese no poder salir del personaje... Ahora..., no, digamos que no es lo mío ni la locura, ni el personaje de la Andy Kaufman y entiendo profundamente la desesperación de Milos Forman (que no me simpatiza mucho aunque lo admiro como director). Lo que me impresionó fue la profunda reflexión de Carrey, el cambio físico que era capaz de llevar a cabo con los personajes (se ve con los cortes), su... inmensa tristeza. Recuerdo las tres películas en las que realmente lo amé (son pocas y nada parecido a La máscara, ni Tonto, retonto etc): The Truman Show, Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, y The Majestic... El otro extremo que Andy Kaufman.
Gracias, Alejandra Rogante, por el comentario de "Hablar sola" en Calibroscopio Diciembre.
En todas partes, la poesía Por Alejandra Rogante
Con el pequeño libro entre las manos, me maravillo y subrayo: “a mí me llama el mundo. Los poemas que me asaltan vienen desde ese mundo que gira fuera de mí y fuera de los libros. Son políticos porque no quieren ser solamente lenguaje. Son emoción porque, para mí, la política y la emoción van juntas, se dan al mismo tiempo. Como una piedra que golpea un charco, la ...
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Ayer, Good Time, cine indie. Una película a la Cassavetes, profundamente trágica y terrible, en un Nueva York nada turístico que empieza con una imagen de la ciudad frente al abismo y termina, o casi, con una toma que convierte a los hombres en ratas en un laberinto. La sufri y me pareció excelente.

13 de diciembre de 2017

En realidad quería sacar una foto pero sin anteojos me hago lio. E esta es la historia. Cdo yo empecé a venir a Capital a los 17, 18, ya había en esa esquina de Garay y Perú un vivero y una diminuta araucaria plantada. Cdo paso la saludo. No puedo subir el video pero bueno...